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domingo, 25 de septiembre de 2016

Gerardo Diego (Santander, 1896 - Madrid, 1987)



Gerardo Diego nació en Santander. Ejerció como catedrático de instituto de Lengua y Literatura en Santander, Soria, Gijón y Madrid. Fue Premio Nacional de Literatura en 1925 y Premio Cervantes en 1979. También fue miembro de la Real Academia Española.

Perteneció a la Generación del 27. En su trayectoria poética, cultivó tanto la poesía de vanguardia (Imagen, Manual de espumas), como una poesía más tradicional y clásica (Romancero de la novia, Versos humanos, Alondra de verdad). 




NO VERTE
Un día y otro día y otro día.
No verte.

Poderte ver, saber que andas tan cerca,
que es probable el milagro de la suerte.
No verte.

Y el corazón y el cálculo y la brújula,
fracasando los tres. No hay quien te acierte.
No verte.

Miércoles, jueves, viernes, no encontrarte,
no respirar, no ser, no merecerte.
No verte.

Desesperadamente amar, amarte
y volver a nacer para quererte.
No verte.

Sí, nacer cada día. Todo es nuevo.
Nueva eres tú, mi vida, tú, mi muerte.
No verte.

Andar a tientas (y era mediodía)
con temor infinito de romperte.
No verte.

Oír tu voz, oler tu aroma, sueños,
ay, espejismos que el desierto invierte.
No verte.

Pensar que tú me huyes, me deseas,
querrías encontrarte en mí, perderte.
No verte.

Dos barcos en la mar, ciegas las velas.
¿Se besarán mañana sus estelas?

miércoles, 29 de junio de 2016

Blas de Otero (Bilbao, 1916 - Madrid, 1979)

Blas de Otero fue uno de los poetas más destacados de la poesía social española de los años 50. Su poesía puede dividirse en tres etapas:

Primera etapa: Sus obras Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951) muestran a un poeta que se dirige y busca a Dios y a un hombre que cada vez se va acercando más al dolor y al sufrimiento de los demás hombres.

HOMBRE 

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.


Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.


Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.


Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
                                               
                                                                             Blas de Otero, Ángel fieramente humano (1950)


Segunda etapa: Su poesía se hace más social y solidaria, y con un verso más sencillo, se dirige a la inmensa mayoría para hablar de sus deseos de paz, de libertad, de justicia y para clamar la libertad del hombre. España se convierte en su preocupación y tema central de su poesía. A esta etapa pertenecen Pido la paz y la palabra (1955) y Que trata de España (1964).


EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


                                                                                       Blas de Otero, Pido la paz y la palabra (1955)

Última etapa: En sus últimas obras, el poeta trata aspectos autobiográficos o reflexiona sobre la condición humana, en una literatura más experimental y surrealista. A esta etapa pertenece la obra Historias fingidas y verdaderas (1970).




martes, 26 de abril de 2016

Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898 - Madrid, 1984)

Vicente Aleixandre se dedicó por entero a la poesía, fue miembro de la Real Academia Española y Premio Nobel de Literatura en 1977. Pertenecía a la Generación del 27. En su trayectoria, aparecen tres etapas:
- etapa surrealista, con poemas como La destrucción o el amor (donde naturaleza, amor y muerte se funden en versos doloridos y románticos) y Sombra del paraíso, en el que el poeta imagina un paraíso perdido, a veces identificado con su infancia, sin dolor ni muerte, aunque en tono pesimista;
- segunda etapa, con Historia del corazón adopta un lenguaje más accesible, a la vez que una visión del hombre y del amor más serena y optimista;
- últimas obras: en Poemas dela consumación y Diálogos del conocimiento crea una poesía más reflexiva, bien a través del surrealismo en la primera, o de diálogos en la segunda, que en realidad, son monólogos sucesivos de gran densidad conceptual y lírica.


SE QUERÍAN

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

Vicente Aleixandre, La destrucción o el amor (1935)